Debes Creértelo

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Lección 7.3

Ocupar tu lugar

Lectura 13 min · 2 ejercicios · Trabajo de campo

La parábola de los talentos suele leerse como una advertencia contra la pereza. Si la lees con atención, el siervo que la falla no era perezoso ni ladrón: tuvo miedo. Y escondió lo que le habían dado. Es la parábola más incómoda para alguien que no se lo cree.

«Tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.»

Mateo 25:25

Tres cosas del siervo del talento

  1. No perdió nada. Devolvió exactamente lo que recibió. En términos contables, no hubo pérdida. Y aun así el juicio es severo.
  2. Su problema era su imagen del señor. Lo dice él mismo: «te conocía que eres hombre duro» (25:24). Actuó según la imagen que tenía del amo, y esa imagen era falsa. Lo que crees sobre Dios determina lo que te atreves a hacer con lo que te dio.
  3. Comparaba. Recibió menos que los otros dos —uno recibió cinco, otro dos, él uno— y conviene notar que el de dos talentos recibió exactamente el mismo elogio que el de cinco. La medida no era el volumen: era la fidelidad.
La pregunta incómoda

¿Qué te dio Dios que hoy está enterrado porque tuviste miedo de usarlo mal, de no dar la talla o de que se notara que no eres tan bueno como otros? Esa es la pregunta de esta lección, y merece una respuesta escrita.

Los dones no son para ti

Pablo lo dice sin rodeos: «a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho» (1 Corintios 12:7), y Pedro lo repite: «cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros» (1 Pedro 4:10). El don no es un premio ni un adorno: es una herramienta que se te prestó para servir a otros.

Eso cambia la pregunta. No es «¿soy lo bastante bueno para hacer esto?», sino «¿hay alguien a quien esto le sirva?». La primera pregunta te paraliza; la segunda te mueve.

Cómo saber cuál es tu don

Mucha gente espera una revelación dramática que nunca llega. Suele ser más prosaico y se averigua cruzando cuatro cosas:

PreguntaQué mira
¿Qué se me da razonablemente bien?Capacidad real, no ideal
¿Qué disfruto haciendo, aunque canse?Inclinación
¿Qué me agradece la gente sin que yo lo pida?Confirmación externa, que es la más fiable
¿Qué necesidad veo que otros no parecen ver?Carga, la parte que Dios suele poner

Donde se cruzan las cuatro suele estar tu sitio. Y si no lo tienes claro, hay un atajo muy bíblico: pregunta a tu iglesia. Los siete de Hechos 6 no se autoproclamaron; la congregación los señaló porque ya se veía en ellos (Hechos 6:3).

Ejercicio 1 · Tu don y tu talento enterrado

«Aviva el fuego del don»

Pablo le escribe a Timoteo dos instrucciones que se complementan y que valen para cualquiera:

«Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti.»

2 Timoteo 1:6

Y antes, en la primera carta: «Ninguno tenga en poco tu juventud… Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos» (1 Timoteo 4:12, 15).

Dos ideas importantes ahí. La primera: el don hay que avivarlo, o sea, que se apaga si no se usa. La segunda: Pablo habla de aprovechamiento, de progreso visible. Eso significa que al principio no se hace bien, y que está previsto que no se haga bien. Nadie enseña, canta, dirige o aconseja bien la primera vez.

El permiso que necesitas

Puedes empezar a servir siendo mediocre en ello. De hecho es la única forma de empezar. Lo que no puedes es enterrarlo esperando el día en que te sientas preparado, porque ese día no está diseñado para llegar por esa vía: llega sirviendo.

Pedir en vez de esperar

Hay una cosa muy práctica que casi nadie hace: pedir. Muchos creyentes esperan años a que alguien les vea, les llame y les proponga algo. Mientras tanto, quien coordina está buscando gente y no sabe que tú estás disponible.

La frase es sencilla y puedes decirla esta semana: «Me gustaría servir en [algo concreto]. ¿Hace falta alguien? Si no es ahí, ¿dónde haría falta?». No es presunción: es disponibilidad, que es lo que Isaías expresó con un «heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6:8).

Ejercicio 2 · Tu paso concreto

No perdió el talento.
Lo enterró.
Y eso bastó para el juicio.

Errores comunes

Resumen
Trabajo de campo

Habla esta semana con quien coordina en tu iglesia y ofrécete para algo concreto. Y si ya sirves en algo, pregunta a dos personas de confianza: «¿en qué crees que Dios me ha dado capacidad?». Anota sus respuestas aunque no estés de acuerdo; especialmente si no estás de acuerdo.