Debes Creértelo

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Lección 5.2

Qué hacer con el temor

Lectura 13 min · 2 ejercicios · 1 tarea

«No temas» aparece decenas de veces en la Biblia, y casi siempre se lo dicen a personas que tenían motivos objetivos para temer. Eso ya nos dice algo importante: el mandato no es dejar de sentir miedo, porque eso no se puede mandar. Es otra cosa.

«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»

2 Timoteo 1:7

Pablo le escribe esto a Timoteo, un joven pastor que por lo que se deduce de las cartas era tímido, tenía problemas de estómago y a quien había que animar a que nadie menospreciara su juventud. No le escribe a un valiente: le escribe a alguien asustado, y le recuerda qué le fue dado.

Tres clases de temor en la Biblia

TipoQué esQué hacer
Temor de Dios Reverencia ante quién es Él. «Principio de la sabiduría» (Proverbios 9:10) Cultivarlo. Este temor echa fuera los otros
Temor prudente La señal sana ante un peligro real Escucharlo. Pablo se dejó bajar en una cesta por el muro para huir (Hechos 9:25)
Temor que paraliza El que te impide obedecer: al qué dirán, al fracaso, al rechazo Enfrentarlo con la presencia de Dios y la acción

Confundirlos hace daño. Hay creyentes que llaman «falta de fe» a la prudencia elemental, y otros que llaman prudencia a una desobediencia por miedo. La pregunta que los separa es sencilla: ¿este temor me está protegiendo de un peligro real o me está impidiendo hacer lo que sé que debo hacer?

Cómo trata Dios el miedo

Fíjate en el patrón, porque se repite casi siempre igual. Dios no suele quitar el motivo del miedo. Hace otra cosa:

El patrón

El antídoto bíblico del miedo casi nunca es «no pasa nada» ni «eres capaz». Es «yo estoy contigo». No cambia las circunstancias: cambia quién está en ellas contigo. Y por eso el Salmo 23 no dice que no haya valle de sombra de muerte, sino que aunque ande por él, no temerá mal alguno, «porque tú estarás conmigo».

El amor que echa fuera el temor

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo.»

1 Juan 4:18

Juan está hablando de un temor concreto: el miedo al castigo, a ser rechazado por Dios. Y señala su causa: donde no hay certeza de ser amado, hay miedo. Por eso este curso puso la identidad antes que la valentía. No se trata de hacerte más valiente, sino de que estés más seguro de ser amado. El valor viene detrás, casi solo.

Ejercicio 1 · Clasifica tus miedos

Qué sí puedes hacer cuando el miedo aprieta

  1. Nombrarlo delante de Dios. Los salmos lo hacen constantemente: «En el día que temo, yo en ti confío» (Salmo 56:3). Nota que no dice «no temo». Dice: temo y confío a la vez. Las dos cosas caben.
  2. Atender al cuerpo. Dios te hizo cuerpo y alma. Exhalación larga, hombros abajo, no correr al hablar. Elías, después de su derrumbe, recibió primero comida y sueño, y la conversación teológica vino después (1 Reyes 19:5-9).
  3. Decir tu texto. El protocolo de la lección 4.4.
  4. Actuar con miedo dentro. Esto es lo esencial: no esperes a que se vaya. La obediencia con miedo sigue siendo obediencia, y de hecho es la que más vale.
  5. No estar solo. Jesús llevó a tres al huerto. Si Él quiso compañía en su hora de angustia, tú también la necesitas.
Getsemaní

Conviene recordar que Jesús mismo, ante la cruz, estuvo «muy triste hasta la muerte», pidió que pasara la copa y sudó como grandes gotas de sangre (Mateo 26:38-39; Lucas 22:44). Si la angustia fuera incompatible con la fe, ahí habría un problema serio. No lo es. Sentir angustia no es pecado; lo determinante es lo que haces con ella, y lo que Él hizo fue orar y después levantarse e ir.

Ejercicio 2 · Tu kit

Cuando esto no basta

Si tienes ataques de pánico, ansiedad que te impide funcionar, o una tristeza que no levanta en semanas, eso no es falta de fe ni pecado. Es un problema de salud, y tiene tratamiento. Buscar a un médico o a un psicólogo no contradice confiar en Dios, igual que no lo contradice llevar gafas o tomar antibióticos. Lucas, el autor de dos libros del Nuevo Testamento, era médico y Pablo lo llama «el médico amado» (Colosenses 4:14). Habla con tu pastor y busca ayuda profesional; las dos cosas, no una en lugar de la otra.

Errores comunes

Resumen
Tarea

Lee Isaías 41:10 y cuenta cuántas promesas distintas hay en un solo versículo: son cinco. Escríbelas separadas, una por línea. Después haz esta semana esa obediencia que anotaste, con el miedo puesto.