Debes Creértelo

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Lección 2.2

De dónde vienen

Lectura 13 min · 2 ejercicios · 1 tarea

Las mentiras que crees sobre ti tienen tres fuentes posibles, y conviene saber distinguirlas, porque a cada una se responde de forma distinta. Confundirlas hace que pelees en el frente equivocado durante años.

Fuente 1 · Las palabras de otros

De niño no tienes forma de contrastar. Lo que se dijo sobre ti —y, sobre todo, lo que se dijo delante de ti sobre el mundo— entró sin filtro. «Tú siempre igual», «no vales para estudiar», «eres igual que tu padre». La Escritura conoce bien el peso de las palabras:

«La muerte y la vida están en poder de la lengua.»

Proverbios 18:21

Y funciona en los dos sentidos. Una palabra dicha a tiempo edifica (Proverbios 25:11); una palabra dicha con desprecio puede seguir operando treinta años después en alguien que ya no recuerda quién se la dijo.

Fuente 2 · Las heridas

Episodios reales que dolieron: un abandono, un fracaso público, un abuso, una traición. De ellos no sacaste solo un recuerdo: sacaste una regla de supervivencia. «No destacar». «No confiar». «No pedir nada». En su momento la regla te protegió, y por eso se quedó.

El problema es que sigue operando en un contexto donde ya no protege de nada y solo te impide obedecer. Es, en cierto modo, un guardián antiguo al que nadie relevó del puesto.

Un matiz importante

Reconocer una herida no es buscar culpables ni justificarte. Es distinguir lo que te hicieron de la conclusión que tú sacaste. Casi siempre la conclusión fue tuya, no suya. Y eso es una buena noticia: significa que puedes revisarla sin necesitar el permiso de nadie ni esperar a que esa persona reconozca nada.

Fuente 3 · El acusador

Esta es la que se suele pasar por alto, y la Biblia habla de ella con mucha claridad. Hay un enemigo cuya actividad principal, según el texto, es acusar:

«Ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.»

Apocalipsis 12:10

Y Jesús dice de él que «no hay verdad en él… es mentiroso, y padre de mentira» (Juan 8:44). Es decir: su lengua materna es la mentira. No inventa cosas nuevas cada día; repite la misma acusación hasta que la adoptas como tuya y ya no necesita decirla, porque te la dices tú.

La escena de Zacarías 3

Vale la pena leerla entera, son diez versículos. Josué, el sumo sacerdote, está de pie delante del ángel de Jehová con vestiduras viles, y Satanás está a su derecha para acusarle. La acusación es cierta: las vestiduras están sucias de verdad.

Dios no discute el hecho. Hace otra cosa: reprende al acusador, manda quitar las vestiduras sucias y vestirle de ropas de gala (Zacarías 3:4).

Ahí está el evangelio entero en una imagen. La acusación puede ser verdadera y aun así no tener la última palabra, porque la última palabra no la tiene el acusador: la tiene Dios, y lo que hace es vestirte.

Cómo distinguir las tres fuentes

FuenteCómo suenaQué hacer
Palabras de otros Tiene la voz de alguien concreto; a veces incluso su acento Separar lo que dijeron de lo que concluiste. Perdonar, si procede
Heridas Viene con emoción física: pecho, estómago, ganas de llorar Llevarla a Dios sin adornar, y buscar ayuda si es grande
El acusador Acusación global, sin salida, en segunda persona: «eres», «nunca» Resistir con lo escrito, como hizo Jesús en el desierto

Una nota de prudencia: ni todo es demoníaco ni nada lo es. Hay cristianos que atribuyen al enemigo lo que es simplemente falta de sueño, y otros que niegan por completo una dimensión que la Escritura da por descontada. Ninguno de los dos extremos ayuda. Mira la fuente sin dramatismo y responde a lo que hay.

Ejercicio 1 · La genealogía

Coge tu mentira número 1 de la lección anterior y sigue su rastro.

Sobre el perdón

Si la fuente son las palabras de alguien, en algún momento aparecerá la cuestión del perdón. Conviene decir tres cosas con precisión, porque aquí se hace mucho daño con frases mal entendidas.

Y lo esencial: puedes empezar por pedirle a Dios la disposición a perdonar cuando todavía no la tienes. Esa oración también es válida y es, de hecho, por donde empieza casi todo el mundo.

Ejercicio 2 · Separar el dicho de la conclusión

Errores comunes

Resumen
Tarea

Lee Zacarías 3:1-5 y Apocalipsis 12:10-11. Fíjate especialmente en el versículo 11: dice con qué le vencieron, y son dos cosas concretas. Escríbelas y piensa cuál de las dos estás usando poco.