Debes Creértelo

InicioMódulo 1 › Lección 1.3

Lección 1.3

El espejo torcido

Lectura 12 min · 2 ejercicios · 1 tarea

Hay una frase en el libro de Números que explica más sobre la vida cristiana derrotada que muchos libros enteros. Doce hombres vuelven de explorar la tierra prometida. Diez de ellos traen el mismo informe, y en medio de ese informe hay una confesión de autoimagen que les costó cuarenta años.

«Y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.»

Números 13:33

Los dos espejos

Desmenucemos la frase, porque cada parte importa.

«A nuestro parecer, como langostas». Ese es el espejo torcido. No es un dato sobre la realidad, es una percepción sobre sí mismos. Nadie les había medido: se midieron ellos.

«Y así les parecíamos a ellos». Esto es lo más grave, y ni siquiera lo sabían. Estaban suponiendo lo que los otros pensaban de ellos. De hecho, cuando Josué entra en Jericó cuarenta años después, Rahab le cuenta la verdad: los habitantes de la tierra estaban aterrados de Israel desde hacía décadas (Josué 2:9-11). Los gigantes tenían miedo. Ellos nunca lo supieron, porque su espejo torcido les dijo otra cosa y se lo creyeron.

Lo que esto cuesta

Una generación entera murió en el desierto (Números 14:29-34). No porque Dios no pudiera darles la tierra. No porque los gigantes fueran demasiado. Porque se creyeron su propia percepción antes que la promesa de Dios. Esa es la operación exacta que este curso intenta revertir.

El informe de Caleb

Merece la pena notar algo: Caleb y Josué vieron exactamente a los mismos gigantes. No negaron el dato. Su informe no dice «no hay peligro». Dice: «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos» (Números 13:30).

Esta es la fe bíblica y no el optimismo: ver el problema con precisión y aun así confiar en la promesa. Caleb no era más valiente por naturaleza. Miraba desde otro sitio.

El espejo de la Palabra

Santiago usa la imagen del espejo para algo muy parecido:

«Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.»

Santiago 1:23-24

El problema del hombre del ejemplo no es que no se mirara. Es que se miró y se le olvidó. Así funciona la mayoría de nuestras lecturas bíblicas: te miras en el espejo verdadero un momento, y a los veinte minutos vuelves a operar con el espejo torcido de siempre.

Tres espejos que usamos y no sirven

EspejoQué te devuelvePor qué falla
Tu pasadoLo que has sido y lo que has hechoDios no te define por tu pasado; Pablo era Saulo de Tarso
Los demásLo que crees que piensan de tiCasi siempre es una suposición tuya, como con los gigantes
Tus emociones de hoyCómo te sientes esta mañanaCambian con el sueño, las hormonas y las noticias

Y frente a los tres, el único que devuelve una imagen fiel: lo que Dios ha declarado por escrito. Esa es la razón por la que en el módulo 3 vas a escribir tu identidad con referencias bíblicas y no con adjetivos.

Ejercicio 1 · Tus langostas

Cuál es tu espejo por defecto

Todos tenemos uno al que volvemos sin pensar. Se reconoce por la primera frase que aparece cuando algo sale mal:

Saber cuál es el tuyo importa, porque es el que tendrás que corregir deliberadamente durante los próximos noventa días.

Ejercicio 2 · Del espejo torcido al espejo fiel

Coge una de tus langostas y busca un texto bíblico que hable directamente de eso. No vale un versículo genérico: búscalo con calma, aunque tardes.

Los gigantes eran reales.
Las langostas, no.

Errores comunes

Resumen
Tarea

Lee Números 13 y 14 enteros, que son dos capítulos, y después Josué 2:8-11. Comprueba tú mismo lo que Rahab dice que sentían los habitantes de la tierra. Escribe una línea sobre qué te enseña esa comparación acerca de tus propias suposiciones.