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Lección 1.1
Saberlo no es creerlo
Lectura 12 min · 2 ejercicios · 1 tarea
Puedes citar de memoria que eres hijo de Dios, más que vencedor y nueva criatura, y vivir encogido, pidiendo perdón por ocupar sitio y convencido en el fondo de que Dios te soporta a regañadientes. Sabes el versículo. No te lo crees. Este curso entero trata esa distancia.
Dos hombres que sabían y no creían
Hay dos escenas en la Biblia que retratan esto con una precisión incómoda.
Gedeón está escondido en un lagar, trillando trigo a hurtadillas por miedo a los madianitas. Y el ángel lo saluda así: «Jehová está contigo, varón esforzado y valiente» (Jueces 6:12). Gedeón no responde «amén». Responde, en resumen: si Dios está con nosotros, ¿por qué nos pasa todo esto? Y luego: mi familia es la más pobre y yo el menor de mi casa (6:15). Dios le dice quién es; él contesta con su currículum.
Moisés, delante de una zarza que arde sin consumirse, tampoco discute la existencia de Dios. Discute la suya: «¿Quién soy yo para que vaya a Faraón?» (Éxodo 3:11). Y la respuesta de Dios no es un halago. No le dice «eres más capaz de lo que crees». Le dice: «Yo estaré contigo» (3:12). Ahí está toda la diferencia entre la autoestima y la fe bíblica.
La autoestima dice: mírate y encuentra tu valor. La Escritura dice: mira lo que Dios pagó por ti y lo que ha prometido. La primera depende de tu rendimiento y sube y baja con él. La segunda ya está hecha, y tu mal martes no la modifica. Por eso este curso no te va a pedir que te repitas lo maravilloso que eres.
Los tres niveles de creer
La Biblia distingue con claridad entre cosas que nosotros mezclamos:
| Nivel | Qué es | Cómo se reconoce |
|---|---|---|
| Saber | Tienes la información. Puedes citarla | La subrayas, la compartes, la predicas incluso |
| Asentir | Estás de acuerdo con que es verdad | Si te preguntan, dices que sí sin dudar |
| Confiar | Apoyas el peso de tu vida encima | Tus decisiones cambian. Haces cosas que no harías si no fuera verdad |
Santiago es durísimo con los dos primeros niveles: «también los demonios creen, y tiemblan» (Santiago 2:19). Saber la doctrina correcta no es fe. La fe bíblica siempre termina moviendo algo.
«Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.»
Santiago 1:22Fíjate en la expresión: engañándoos a vosotros mismos. Oír sin hacer produce una ilusión. Uno cree que ha avanzado porque ha entendido algo, y no ha ocurrido nada.
Cómo saber qué crees de verdad
No lo revela lo que dices, ni lo que cantas el domingo. Lo revelan tres cosas:
- Lo que haces cuando nadie mira. Tus decisiones son la confesión de fe más sincera que tienes. Nadie actúa en contra de lo que realmente cree.
- Tu primera reacción ante la mala noticia. No la segunda, cuando ya te has recompuesto y has recordado el versículo. La primera, la de los tres segundos.
- Lo que te dices a ti mismo después de pecar. Ahí se ve en qué evangelio vives de verdad: si vuelves al Padre o te escondes entre los árboles, como Adán.
Un padre desesperado le lleva a Jesús un hijo enfermo. Jesús le habla de creer. Y el hombre responde algo que muchos cristianos sienten y pocos se atreven a decir en voz alta:
«Creo; ayuda mi incredulidad.»
Marcos 9:24Jesús no lo reprende. Sana al muchacho. Puedes empezar este curso exactamente desde ahí: creyendo a medias y pidiendo ayuda con la otra mitad. Es una posición perfectamente válida delante de Dios.
El coste de no creértelo
Conviene mirarlo de frente, porque la incredulidad sobre uno mismo suele disfrazarse de humildad:
- Desobedeces por miedo y lo llamas prudencia. No hablas, no sirves, no te ofreces, no perdonas, y siempre hay una razón razonable.
- Vives intentando ganarte lo que ya es tuyo. Sirves para que Dios esté contento contigo, en vez de servir porque ya lo está.
- Enterras el talento. El siervo de la parábola no robó nada: tuvo miedo y escondió lo que le habían dado (Mateo 25:25). Esa es la acusación.
- No descansas. Porque el descanso depende de creer que la obra ya fue hecha, y si no lo crees, no paras nunca.
Ejercicio 1 · Tu distancia
Sé concreto. Aquí no hay nota, y nadie más lo va a leer.
Errores comunes en esta lección
- Confundir creer con sentir. La fe no es una emoción. Hay días en que no sentirás nada y seguirás creyendo, porque creer es una decisión sobre lo que das por cierto, no un estado de ánimo.
- Llamar humildad a la incredulidad. Gedeón sonaba humilde. Estaba contradiciendo a Dios. La humildad verdadera acepta lo que Dios dice, tanto cuando corrige como cuando levanta.
- Esperar sentirte digno para empezar. Nunca lo serás por tus méritos, y ese es exactamente el punto del evangelio. Se empieza siendo indigno y aceptado a la vez.
- Creer que esto se arregla leyendo más. Más información no cierra la distancia. La cierra la obediencia repetida, que es el módulo 6.
Ejercicio 2 · Tu definición
Completa la frase con algo verificable. Volverás a ella en la última lección del curso.
- Gedeón y Moisés sabían quién era Dios; el problema era quién creían ser ellos.
- La respuesta de Dios no fue un halago, sino una promesa: «Yo estaré contigo».
- Tres niveles: saber, asentir y confiar. Solo el tercero mueve algo.
- Lo que crees de verdad se ve en lo que haces a solas, en tu primera reacción y en lo que te dices tras pecar.
- «Creo; ayuda mi incredulidad» es un punto de partida legítimo.
Lee entera la escena de Gedeón en Jueces 6:11-16 y la de Moisés en Éxodo 3:1-14. Subraya en cada una lo que Dios dice de ellos y lo que ellos contestan de sí mismos. Después escribe en una línea cuál de las dos respuestas se parece más a la tuya.